
En una época en la que todos interactuamos, incluso con desconocidos, la reputación cobra un nuevo sentido. En el entorno de las redes sociales, hablamos de reputación online o reputación digital.
Esta reputación es la que se forma por cómo hablan de mi en Internet. Es cierto que uno de los ámbitos en el que está más extendido el concepto de la reputación online, es en el de Recursos Humanos. Cuando hablamos de la reputación digital que dejan los candidatos a diferentes puestos de trabajo en sus perfiles personales.
Sin embargo, en este caso hablamos de la reputación online generada por marcas o empresas. Aquí, la reputación la forman todos los mensajes, que publica la gente en las redes sociales.
El análisis semántico permite saber si lo que se está diciendo es positivo, negativo o neutro. Y esto nos permite construir y medir la reputación online de una marca. Ya sea, a lo largo del tiempo o en un momento determinado. Por ello, no es importante si las personas que hablan son clientes, potenciales clientes o detractores activos.
Todos ellos van a conformar mi reputación digital. Si, por ejemplo, como marca incorporo una persona mediática dentro de mis anuncios, tendré que ver qué comentarios se empiezan a generar. Para saber si la reputación es positiva o negativa. En este caso, estaré hablando de reputación en un momento determinado. Por otro lado, a lo largo del tiempo tendré que ir evaluando si el impacto que genero y la conversación que se genera, alrededor de mi empresa, es positiva o no.
Para saber cómo es mi reputación a lo largo del tiempo. Es decir, saber cómo me percibe la gente. La reputación es importante por muchas razones. La principal es que el día de hoy las personas, antes de consumir van a mirar qué se dice en Internet sobre nosotros. Hay líderes de opinión o influencers que tenemos que tener en cuenta.
Algunas veces, se genera un pico de conversación que ha sido iniciada por una persona concreta, que por equis motivo tenía mucha audiencia. Al hablar de reputación online tenemos que tener en cuenta también, la credibilidad que tienen las personas que hablan de nosotros. Si, por ejemplo, hemos contactado con un influencer, y ha realizado una publicación cuya credibilidad es baja, no podremos sumarlo como buena reputación en nuestros cálculos. Finalmente, es importante recordar que la reputación, depende también del sector.
Hay sectores, que por naturaleza, tienen una reputación más baja. El sector bancario y las aerolíneas serían un ejemplo. En estos casos, la reputación se tiene que evaluar haciendo una comparación, con los competidores más directos y teniendo en cuenta, la variación respecto a otros períodos.



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